lunes, 9 de junio de 2014

PRIMERA CLASE: ANNA FREIXAS FARRÉ 29 de marzo 2014

Comenzamos nuestra escuela el sábado 29 de marzo de 2014 con la profesora Anna Freixas Farré, bajo el título:  LAS RELACIONES ENTRE MUJERES, UN ARCO IRIS DE INTENSAS EMOCIONES.


Anna Freixas Farré, nació en Barcelona el 21 de julio de 1946.
Doctora en Psicología por la Universidad de Barcelona y catedrática de Escuela Universitaria en la Universidad de Córdoba , afincada en Córdoba desde 1981.
Las líneas de investigación sobre las que trabaja y sus publicaciones tratan sobre mujeres y envejecer, sobre coeducación y feminismo y sobre la transformación de la investigación y la docencia en psicología desde una perspectiva de género.
Sus investigaciones y publicaciones han promovido una aportación pionera en el desarrollo de la gerontología feminista en nuestro país.


La transmisión de valores

Las mujeres en nuestras numerosas relaciones transmitimos valores sociales de todo orden, pero sin darnos cuenta nos convertimos en correas de transmisión de aquellas partes de la ideología patriarcal que nos excluyen del contrato social, que perpetúan los roles de género de sumisión y enajenación.
El patriarcado subsiste manteniendo a las mujeres divididas, empujándonos a que compitamos. Es el espejo de la separación madre-hija. Necesitamos resistencia para luchar contra los mensajes silenciadores de la cultura que intentan acallar la voz de las mujeres y de las chicas desde la adolescencia.
Pregunta: ¿Cómo recuperaremos la voz que nosotras perdimos en la adolescencia, como requisito previo para enseñar a las generaciones jóvenes a no perderla?

Los vínculos afectivos
Para las chicas y las mujeres el contacto humano y la relación entre las personas suponen un elemento central. Para todas nosotras el núcleo de nuestras vidas se basa en un contacto humano estrecho, que vivimos como una enorme fortaleza.
Los vínculos se rigen por el principio del placer: el placer los consolida, la coerción los destruye.

La amistad

La amistad es una elección que no se fundamenta en vínculos de sangre o vecindad, proviene de la libertad y se establece a partir de las afinidades electivas; se funda en la afectividad y la libre elección y se caracteriza por la reciprocidad.
Las mujeres somos expertas creadoras y mantenedoras de relaciones de amistad, que tienen un inestimable valor en el sentimiento de bienestar.
Las depositarias suelen ser otras mujeres de igual, menor o mayor edad. No importa demasiado porque difuminamos nuestras diferencias dando y recibiendo en nuestros ricos intercambios intergeneracionales.

La sororidad

Las relaciones que mantenemos con nuestras diversas hermanas de sangre, de amistad, de comunidad, de proyecto, constituyen vínculos de sororidad que desempeñan a lo largo de nuestra vida un papel inestimable.
En la relación con una igual ―no una madre, no una hija― aprendemos y enseñamos, nos acompañamos y nos construimos. Las mujeres hemos confiado siempre en otras mujeres. Nos necesitamos para llevar adelante el complejo entramado de la vida y para cumplir con los mandatos de género.
La sororidad contribuye a nuestra construcción individual como mujeres y estructura y legitima las relaciones cuidadosas y cercanas.
Pregunta; ¿Qué entendemos por confianza?¿Qué genera nuestra desconfianza?

Dependencia / Independencia / Interdependencia

Crecer significa pasar de la dependencia a la interdependencia. No a la independencia.
No somos seres completamente independientes o autónomos, tampoco somos seres fatalmente dependientes de otras personas. Nos situamos mejor en la interdependencia, es decir, vinculadas mutuamente en un ir y venir que incluye la acogida y la crítica, la seguridad y la exigencia, la luz y la noche. En un proceso de apoyo recíproco que es protector frente al vacío cotidiano, a la falta de andamios en el transcurrir por la vida día a día.

Las relaciones entre mujeres

En nuestra vida se dan diferentes relaciones de genealogía ―en diversas direcciones.
La genealogía no es otra cosa que el reconocimiento de los linajes que nos constituyen: linajes de sangre, linajes de vínculo afectivo, linajes de sororidad y affidamento que nos permiten sentir que pertenecemos a un pequeño cosmos.

La maternidad

Toda conversación entre una madre y una hija implica a tres generaciones, es una transacción entre tres generaciones, la hija, la madre que transmite a la hija los mensajes culturales sobre ser mujer y las respuestas de esta madre a los mensajes de su propia madre.
La herencia del maternaje nos permite:
Seguridad
Exploración
Búsqueda
Conocimiento
Las  madres nos han enseñado el valor de la interdependencia, de la genealogía, de las redes, de la libertad, de la seguridad, de la palabra, de la voz y, sobre todo, el valor de la confianza.
Es en la relación de apego con nuestra madre donde aprendemos un elemento que va a permitirnos desplazarnos por el mundo con seguridad, el valor de confiar.
Pregunta: ¿Quién/ quiénes es/son nuestra madre / nuestras madres?


Relaciones en red
Las mujeres establecemos lazos afectivos que a lo largo de la vida se convierten en activos de libertad. En la enmarañada malla de relaciones que con habilidad tejemos, las redes nos proporcionan un sentimiento de pertenencia y seguridad. Una estructura de relación completamente acorde con los nuevos tiempos y el caos de las relaciones.
Nuestros firmes lazos sociales, junto con la capacidad para afrontar los avatares de la vida y para la intimidad, constituyen activos de gran valor que deben reconocerse como fortalezas femeninas. Las tramas informales de amigas, compañeros y compañeras, son un elemento impagable.
Los grupos de mujeres están en la base de nuestra libertad actual. En el inicio del feminismo, los grupos de autoconciencia nos acercaron a nuestros cuerpos y a nuestras vidas y, por supuesto, a nuestros derechos, y con todo ello conocimos el enorme valor de los vínculos.

Nosotras y las diferencias

Nos ha sido difícil superar la decepción cuando la discrepancia nos muestra que nuestras compañeras tienen intereses y posiciones distintos. A veces pedimos, esperamos, más de lo que nos pueden o quieren dar y no dominamos el fair play de la diferencia y el antagonismo. Nos habíamos quedado encandiladas en el imaginario de la sororidad.
El conflicto es inherente a las relaciones humanas y, por supuesto, a las relaciones de vínculo que se pueden sentir amenazadas por nuestra dificultad para afrontarlo.
Ante las diferencias tenemos varias tentaciones:
  • Negarlas, ignorarlas, no mirarlas, hacer como que no existen
  • Despreciar su función creativa
  • Verlas como motivo de diferencia, segregación, desconfianza, temor, inseguridad
  • Caer en el deseo beatífico de homogeneidad donde nos sentimos seguras, iguales, no competitivas…
  • Ponernos ‘tolerantes’ y superiores, dadivosas, mirarlas con conmiseración
  • Aprovecharlas y beneficiarnos de la creatividad y la riqueza que nos permiten
  • Utilizarlas como palancas para el cambio

La importancia del apoyo mutuo entre las mujeres para el avance en el mundo de lo social, de lo público, del que nos hemos visto socialmente relegadas.  

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