martes, 17 de junio de 2014

CONCENTRACIÓN LUNES 26 DE MAYO

PLENO EXTRAORDINARIO
VIOLENCIA DE GÉNERO
Pozoblanco, 26 de Mayo de 2014


NO CALLES TU PROBLEMA. HABRÁ ALGUIEN QUE TE TIENDA LA MANO

Por un momento cierre los ojos, imagine que se encuentra en una caja cerrada, pequeña, encogido en sí mismo. Del exterior le llegan voces, golpes, se oyen llantos, discusiones, su miedo es tal que empieza a temblar y lágrimas caen de sus ojos, siente impotencia, pero no puede salir de esa caja que de algún modo le protege de lo que ocurre en el exterior. ¿Cuál sería la solución?. La única solución para una niña de diez años era pensar en otra cosa, un pensamiento el cual por un momento te haga feliz. Yo, por ejemplo, recordaba las pasadas vacaciones en la playa o los cuentos con final feliz que mamá me contaba cada noche.
Soy Nerea, tengo treinta años, y he vivido en primera persona cómo mi padre, aunque me duela llamarlo así, ya que yo no lo considero un padre, trató a mi madre con una crueldad que nunca olvidaré y que me ha dejado marcada para toda la vida.
Éramos una familia feliz, mi madre era una mujer adorable que vivía por y para su familia, tenía una sonrisa que hacía que desaparecieran todos los problemas y unos maravillosos ojos negros, para mí, la mujer más hermosa que he conocido. Mi padre era un hombre con carácter, pero nos quería, o al menos eso creía yo, hasta que un día cambió su personalidad o quizás dejó salir a aquel ser que llevaba dentro y que destrozó a mi familia.
Todo empezó un día en que mi padre llegó a casa enfadado, indignado porque su empresa iba mal y no conseguía salvarla. Le dijo que ya no podía damos la vida que temamos y que debería ponerse a trabajar porque con lo que él ganaba no era suficiente para pagar las deudas, las muchas deudas que él había dejado en el camino. Mi padre siempre estaba fuera con sus negocios, como él decía, pero con el tiempo nos dimos cuenta de que esos negocios no eran sino vicios en los que había despilfarrado todo el dinero.
Desde ese día, mi casa se convirtió en un infierno, mi padre pagaba con mi madre sus malas gestiones y su mala cabeza. Mi madre encontró trabajo cerca de casa en una cafetería. Mi padre dejó de trabajar porque la empresa se fue a pique y cambió las horas de trabajo por horas en el bar, aunque siguió con aquellos viajes de negocios de los que tanto le gustaba hablar y gracias, a los cuales, mi madre y yo disfrutábamos de algo de paz.
Nunca olvidaré este día, 20 de Noviembre de 1993. Llegué a casa del colegio, mamá estaba allí, me extrañó, porque a esa hora aún estaba trabajando, la saludé, le di un beso y noté que algo raro pasaba, estaba muy nerviosa.
De pronto oí el sonido de un coche que se paraba, fui corriendo a la ventana y vi que era mi padre y venía borracho, como siempre mi madre temblando, se acercó y me dijo.
_ Cariño, vete a tu habitación, cierra la puerta y no salgas hasta que yo vaya a buscarte, escuches lo que escuches no salgas, por favor, por nada en el mundo. Te quiero.
Hice lo que me dijo mi madre, subí a mi habitación, cerré la puerta, me metí en la cama y me tapé hasta la cabeza con el edredón. A los pocos minutos comenzaron los gritos y los golpes. Estaba tan asustada y me sentía tan impotente al oír a mi madre llorar y pedir que no la golpeara más, pero era incapaz de moverme, solo quería pensar en otra cosa. Pero ese día ya no pude aguantar más, oí un golpe muy fuerte, dirigí a la puerta pero dudaba si abrirla y salir o no. Se oyó otro fuerte golpe y ya no oía a mi madre llorar, me armé de valor, abrí la puerta y bajé las escaleras, me encontré a mi madre tirada en el suelo con la cabeza sobre el primer escalón y llena de sangre, levanté la cabeza con la cara llena de lágrimas, me encontré con la mirada de mi padre y le grité.
 ¡Por qué!, ¡por qué lo has hecho!, ¡por qué no nos quieres!
Él me miro, bajó la cabeza como un cobarde y se marchó dejándome sola, a una niña de diez años con mi madre tirada en el suelo, sin conocimiento y llena de sangre.
Mi única idea fue salir corriendo y llamar a mi vecina, una mujer mayor adorable que no tenía familia para ella mi madre era como la hija que nunca tuvo, nos quería mucho y nos ayudaba en todo, cuando le conté lo que había ocurrido, llamó al hospital, y enviaron rápidamente una ambulancia. María, que así se llamaba mi vecina, me dio un número de teléfono para llamar a mi tío, y me dijo que me esperara hasta que él llegase a recogerme, y ella se marchó con mi madre al hospital. Fue una sensación horrible, lo pase muy mal, estaba sola, no tenía a nadie y no sabía que le pasaría a mi madre.
Con esta historia animo a que aquellas personas que sufran violencia de género tanto física como psicológica. ¡DENUNCIEN! Que nadie les quite el derecho a vivir una vida digna, una vida que nadie tiene derecho a arrebatamos.
Esta es mi historia, una más de las que ocurren cada año, algunas salen a la luz, otras se quedan en la propia familia y otras, simplemente, no salen, pero hay que vivir en primera persona un maltrato de género, vivir esa constante agresión para saber qué es esa palabra y el sufrimiento que conlleva. Ya hace veinte años que mi madre y yo cogidas de la mano, denunciamos y ese señor fue encerrado en la cárcel, y, por mí, ojalá se pudra allí dentro. Porque para mí solo es un asesino que intentó arrebatarle la vida a mi madre, solo por culpar a alguien de la desgraciada vida que él mismo había creado.
Mª Carmen Muñoz Moreno

2º Bachiller del IES Los Pedroches.
RELACIÓN DE VICTIMAS DESDE EL ÚLTIMO PLENO:

28 abril, bebé de 18 meses en Madrid
1 de mayo, María Belén E.V. de 43 años en La Coruña
5 de mayo, Hana B. de 24 años en Villarejo de Salvanés (Madrid)
9 de mayo, Y.D.C., de 57 años en Madrid
14 de mayo, Gregoria León de 74 años en Valencia.




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